Contaminación y material del sustrato

Los distintos tipos de contaminación presentan propiedades químicas y físicas diferentes y, en consecuencia, deben ser tratados de forma diferente. La contaminación superficial habitual contiene fluidos de corte acuosos u oleosos, grasas, ceras, pasta de pulir, huellas dactilares, virutas, etc.

Algunas de estas suciedades muestran una mayor solubilidad en entornos polares (agua), mientras que otras lo hacen en disolventes orgánicos semipolares, como alcoholes modificados o en disolventes, con características más apolares, como los disolventes clorados o incluso los de hidrocarburos.

Para la disolución y eliminación eficaces de la superficie, es necesario que los parámetros de solubilidad del producto sean próximos a los de la contaminación. Aquí se aplica la regla «lo semejante disuelve a lo semejante». En consecuencia, las contaminaciones a base de aceites se disuelven con más facilidad en disolventes similares al aceite (apolares), mientras que las polares, como las sales, lo hacen mejor en disolventes polares (similares al agua).

Para determinar la capacidad disolvente, suelen usarse dos propiedades características, el valor de Kauri Butanol y el valor de solubilidad en agua. El primero se usa en toda la industria para determinar la capacidad disolvente de tipos de resinas de suciedad apolares (cuanto más alto sea el valor, mayor capacidad disolvente). El segundo es una medida de la polaridad y puede usarse para definir la capacidad de un disolvente orgánico para disolver contaminantes polares.

La eficacia de la acción limpiadora se ve afectada también por la temperatura a la que se realiza la limpieza. Al limpiar determinados contaminantes, como pasta de pulir, ceras de alto punto de fusión o estearato de zinc, los vapores calientes de disolvente pueden ablandar o fundir la suciedad, facilitando su eliminación.
La temperatura máxima a la que se realiza la limpieza viene dada por las condiciones de proceso (vacío) y/o el punto de ebullición del disolvente.

Una vez eliminada la contaminación, el disolvente debe separarse de la suciedad y reciclarse para el uso. Esto se hace por destilación. Es importante que la destilación pueda separar la suciedad del disolvente con la mayor eficacia posible, puesto que la calidad del disolvente recuperado determinará la limpieza final de la pieza. Este proceso de separación se ve afectado por el punto de ebullición del disolvente. En general, cuanto más bajo es ese punto, mayor será el grado de separación y, por tanto, mejor será la limpieza de las piezas tratadas.